El lujo y la arquitectura moderna

arquitectura moderna

Diseño de amplios espacios interconectados, predominio de la luz natural y uso de materiales sostenibles. La arquitectura moderna interpreta las necesidades de los hogares del siglo XXI para ofrecer viviendas confortables cuyas estructuras satisfagan todos los sentidos.

“Más que algo que se puede comprar, el lujo es, en realidad, una manifestación del bienestar interior”, afirmó el arquitecto Michael Kovac, fundador y director de diseño del estudio Kovac Design en Los Ángeles, California, durante una entrevista en la que le preguntaron sobre el significado de la palabra lujo en la arquitectura moderna. Kovac añadió que, además, este concepto del lujo no es otra cosa que la capacidad que tiene una casa de restaurar las energías y rejuvenecer a sus propietarios: “Debe ser un escape tranquilo, un lugar que también le da la bienvenida a amigos y familiares”.

Atrás ha quedado el concepto de lujo asociado a la ostentación, hay un cambio de paradigma respecto a expectativas personales sobre seguridad, movilidad y ocio. Nos referimos a calidad de vida, tanto en el ámbito privado como en los espacios compartidos con personas que, como nosotros, disfrutan de actividades al aire libre sin hacer grandes desplazamientos.

El valor material, el refinamiento y la innovación están íntimamente ligados al valor emocional del lujo. No se trata del coste material, sino de las formas y sensaciones que se obtienen con él. La premisa en esta revolucionaria tendencia arquitectónica es crear ambientes confortables que generen sensación de bienestar y plenitud.

Sencillez y minimalismo

La arquitectura minimalista entiende que los elementos imprescindibles son los necesarios. No se recarga ni se excede y por eso hace uso de materiales contundentes como el concreto o el vidrio. Sin embargo, las paredes se nutren de las texturas que emergen de la piedra natural o del hormigón y juegan con las tonalidades de la madera o las posibilidades de los componentes metálicos.

Si “menos es más” como apuntaba el maestro Ludwig Mies van de Rohe, lo básico no solo tiene que ver con huir de los excesos, sino también con la búsqueda de libertad mediante la eliminación de barreras, la elección de muebles simples en su trazado, pero altamente funcionales y la prevalencia de colores claros que inviten a la relajación.

Una aparente simplificación que, en realidad, encierra una compleja necesidad de reencuentro con los valores vitales.

Arquitectura y paisaje en simbiosis perfecta

La creación de lugares habitables en sintonía con el paisaje lleva implícita una preocupación por la conservación ambiental y el uso sostenible de los recursos locales. La arquitectura moderna no transforma arbitrariamente el lugar en el que levanta sus obras, sino que se comunica con él de manera consciente.

Hoy en día, valor de una propiedad inmobiliaria tiene en cuenta el patrimonio natural circundante como un activo para el disfrute actual y el de las próximas generaciones.

Además, la vegetación autóctona puede aprovecharse para diseñar cercas vivas que delimiten las propiedades y, por supuesto, para la creación de jardines sin desestabilizar los ecosistemas. La reutilización de residuos de canteras como mármol o pizarra también es una opción imprescindible en aras de conseguir construcciones sostenibles.

Casas inteligentes

La llegada de la tecnología domótica a los hogares es una realidad hoy en día, y una prioridad en las casas de lujo, donde se integra el diseño arquitectónico con sistemas tecnológicos para monitorear de forma remota las cámaras de seguridad, controlar aspectos de la casa con comandos de voz, además de configurarla para realizar tareas que se tienen que hacer de forma manual y muchas veces se nos olvida: encender las luces, regar las plantas, programar las alarmas, entre otras.

Las casas inteligentes son mucho más que un concepto, un neologismo de lo que hace más de 40 años se conoce como domótica, un estilo de vida, donde la comodidad es la ganadora absoluta.

Sin duda alguna, la estética en la arquitectura moderna se erige como elemento de valor ya no solo para la propiedad inmobiliaria en sí misma, sino también para dotar de sentido la comunidad residencial de la que forme parte y el destino que enriquece con su presencia.

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